sábado, 24 de agosto de 2013

Metro y medio

Amigo y compañero conductor, vamos a hablar de una cosa que probablemente te preocupa.

¿Cuántas veces has ido por carretera y te has encontrado a un ciclista? Un molesto y lento ciclista, ocupando tu carretera, esa que disfrutas porque pagas impuestos y porque te has comprado un coche supermolón y superveloz. Esa carretera por la que vas tranquilo hasta que aparece uno de estos a estropear tu media de velocidad. Por su culpa pierdes dos o tres minutos, tienes que frenar, apoyas el brazo en la ventanilla, te acuerdas de su madre, te inquietas hasta que puedes quitártelo del medio en un rápido movimiento de volante. Menos mal que tu coche tiene dirección asistida que sino hasta te lo puede rallar con ese manillar que mueve al subir un puerto.

Es que son un incordio, chico. No se puede disfrutar de la carretera y la velocidad, incluso no puede uno venir de fiesta con sus copitas de más por carreteras secundarias sin controles porque en la curva que menos esperas, a las 9 de la mañana te puede aparecer uno de estos y joderte el día. Amigo y compañero conductor, vamos a hablar de una cosa que probablemente te importe un pijo. Ese ciclista salió esta mañana a entrenar o a hacer un poco de ejercicio. Dejó a su mujer, o a sus hijos, o a su madre en casa. Salió en bicicleta y sabe que puede volver en una caja de pino por gente como tú.

Va solo, a su ritmo, o en pareja, dialogando. Sí, en pareja, eso que te molesta tantísimo porque ocupan toda la carretera. Eso que la DGT recomienda porque así obligan a los conductores a adelantar invadiendo el otro carril. Y es que no se te ocurriría adelantar a una moto o ciclomotor a ras, ¿verdad? O a un tractor o una carretilla. Ni siquiera a un peatón o un caballo. Entonces ¿por qué adelantas a un ciclista rozando su cuerpo? Ese cuerpo es su carrocería. Si a ti otro coche te adelanta sin guardar una distancia prudencial, te puede arrancar un retrovisor. Al ciclista tú le arrancarías un brazo y muy probablemente la vida.

Esa distancia de seguridad que te pide la DGT y te pedimos todos los que amamos la bicicleta es un metro y medio ¡¡Un simple metro y medio!! Y esperar tras un ciclista, por muy lento que sea, a unas condiciones buenas (ya no te pido óptimas) para adelantar, te hace perder un minuto o dos como mucho. Exactamente igual que si te encontraras con cualquier vehículo más lento que tú. No adelantes en una curva sin visibilidad, porque si metes un volantazo para esquivar a otro coche que aparezca por el otro carril, tirarás al ciclista. Y al tirarlo puedes provocar una mala caída con lesiones que pueden ser muy graves. Puedes arrollarlo. Y puedes destrozar una familia. Dos minutos de tu tiempo no son más importantes que una vida.

Esta mañana leía en el periódico que una joven triatleta de 15 años moría ayer atropellada por un conductor en Soria. A las 12 de la mañana a través de Twitter me entero de la muerte de otro cicloturista en el Penedes. Y a la 1 me llega la noticia de un chico de 13 años en Murcia.

Estamos de acuerdo en que muchos ciclistas, en ciudad, se saltan muchas normas de circulación. Pero tú también cometes errores. A veces miras el teléfono, te despistas configurando el GPS o excedes los 120 km/h en autopista. Todos somos humanos. Algunos invaden la acera (para huir del peligro de ir en carretera) o se saltan semáforos en rojo (para tomar ventaja respecto a los coches parados). No son excusas. Quizá en este país falte mucha cultura ciclista, pero también automovilística. Sin embargo, la mayor parte de las muertes en carretera ocurren en vías secundarias, temprano. Gente que va al trabajo o vuelve de trasnochar de fiesta. Conductores que llevan prisa o que no van en condiciones de coger el coche.

Hace unas semanas, en Madrid, moría un ciclista atropellado por un conductor que tenía el carnet retirado por conducir a alta velocidad y bajo efectos del alcohol. Si un ciclista va por carretera abierta se expone a muchos peligros. Puede hasta saltarte un jabalí y tirarte, pero encontrarse con un conductor imprudente que te arranque la vida sin más, no tiene que ser un motivo para dejar la bici colgada en casa.

Cuando murió Victor Cabedo mientras entrenaba, me costó creerlo. Lo leí en Internet y dije “tiene que ser otro”. Dos horas antes tenía una notificación en Facebook suya, invitándome a una página sobre su negocio familiar. Seguramente se levantó, desayunó como un día normal, preparó sus cosas y salió a entrenar como otro día cualquiera, sin saber que en una curva de ese puerto se iba a dejar la vida. Exactamente igual que la niña de 15 años que moría ayer a unos kms de su casa. Y al igual que tantos otros que salen a estirar las piernas.

No podemos permitir que nuestros compañeros, amigos y hasta nuestros ídolos mueran en el asfalto. Este es un deporte tan bonito que no puede estar salpicado de manchas de sangre constantemente.

No pido que hoy os acostéis españoles y amanezcáis mañana como holandeses. Es un camino largo, pero si tenéis una idea en la cabeza es un camino fácil: lo que va en la bicicleta es una vida. Y hay que respetarla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario