
Sin embargo, los favoritos no han debido de pensar lo mismo que nosotros. Han dejado que Europcar tirase a un ritmo al que hubiera podido subir yo con una BH de dínamo, no se han movido, han consentido que una fuga que iba a 5 minutos a pie de puerto terminara a 9. Un bodrio, en definitiva, la etapa que más me gustaba.

Lo único salvable, los últimos cinco kilómetros en los que Moncutie y Hushovd se echaron encima de un valentísimo Roy que llegó a meta con lágrimas en los ojos. Un respeto, por favor, al Campeón del Mundo y a sus potentísimas piernas. El ritmo al que entró Hushovd en meta merece al menos que cuando se pone a llanear tanto los comentaristas como los periodistas deportivos que pululan por la red se crean que es una apuesta real.

Mañana, Plateau de Beille. Si Leopard-Trek de verdad quiere ganar un Tour, después de desaprovechar esta magnífica etapa para poner contra las cuerdas a Contador, Basso, Evans y Cunego, tiene que trabajar duro mañana. Se espera espectáculo. Por favor, señores, no defrauden.
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